La quimiofobia es el miedo o rechazo irracional hacia los productos químicos, especialmente aquellos que se perciben como “artificiales” o “sintéticos”. Gran parte de la desconfianza radica en los aditivos alimentarios. Ingredientes con nombres técnicos o poco familiares genera desconfianza en el consumidor. Esta quimiofobia se alimenta de la idea errónea de que “natural” siempre es mejor y lo “químico” perjudicial, lo que puede dificultar la comunicación científica y la aceptación de innovaciones en nutrición y tecnología de alimentos.
¿Natural significa seguro? No necesariamente…la falacia de la apelación a lo natural se basa en considerar que solo por el hecho de ser natural es bueno y que por ser artificial o sintético es malo. Decimos que es una falacia porque es un argumento inadecuado que no considera la evidencia científica. La naturaleza también produce algunas de las sustancias más peligrosas conocidas…
Los que predican contra los “químicos” se olvidan que todo lo que existe en el planeta está compuesto por sustancias químicas. El cuerpo humano es una compleja red de compuestos y reacciones químicas que permiten funciones vitales como la digestión y la respiración. El agua que bebemos, el oxígeno que respiramos, las proteínas, las vitaminas y los minerales de los alimentos frescos y de los procesados, son todos compuestos químicos.
Esa creciente desconfianza hacia los compuestos químicos se hace extensiva por ende a los alimentos procesados. Un importante porcentaje de los consumidores considera que los alimentos procesados contienen sustancias perjudiciales. relacionándolos, incluso, con enfermedades crónicas.
En este contexto, es fundamental que la Industria Alimentaria comunique claramente que la seguridad de los aditivos no depende de si son naturales o sintéticos, sino de la ciencia que respalda su uso y las dosis permitidas.
Los aditivos son de las sustancias más rigurosamente evaluadas en el sistema alimentario moderno. Antes de ser autorizados para su uso, deben superar exhaustivos estudios toxicológicos, bioquímicos y de exposición realizados por organismos internacionales como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y agencias nacionales como la FDA y las de cada país en particular. Estas evaluaciones consideran la ingesta diaria admisible (IDA), los posibles efectos a corto y largo plazo, y los niveles seguros de uso en alimentos. Gracias a este proceso, los aditivos —ya sean naturales o sintéticos— se encuentran entre las sustancias más seguras en la cadena alimentaria, y su uso está regulado por normas internacionales como el Codex Alimentarius, que garantizan la protección del consumidor y la armonización en el comercio global.
En un contexto donde la sustentabilidad y la transparencia se han convertido en valores clave para los consumidores, surge una creciente demanda por información clara, confiable y accesible sobre los productos que eligen.
Es muy importante que los consumidores conozcan que algunos aditivos también se encuentran como componentes naturales en alimentos cotidianos. Un estudio reciente en Francia utilizó datos analíticos para evaluar el consumo de aditivos alimentarios en 106,000 adultos franceses, y presentó información sobre el consumo diario promedio de 90 aditivos alimentarios, entre los hallazgos podemos dar los siguientes ejemplos:
El caroteno es un aditivo cuya función tecnológica consiste en dar color. Las cantidades contenidas en fuentes naturales como en una porción de espinaca es mucho mayor que el promedio de lo usado en la industria.
La pectina, cuyo papel es actuar como estabilizante, está presente en una manzana en una cantidad hasta cuatro veces mayor que el promedio encontrado en los alimentos procesados.
La lecitina tiene una función emulsificante y se encuentra naturalmente en los huevos en cantidades mayores en comparación con los alimentos envasados.
Es importante que los consumidores recuperen la confianza en la ciencia. En un planeta con recursos limitados es fundamental hacer uso de la ciencia y la tecnología de alimentos para producir alimentos de manera sustentable y segura. En el caso del procesamiento y el desarrollo de nuevas tecnologías e ingredientes el principal reto es mostrar los hechos en el contexto correcto, evidenciar que no se trata de que una sustancia o proceso sea antiguo o de nueva creación para garantizar su seguridad, sino que la ciencia, las pruebas, el uso correcto y las dosis son la clave para poder acceder a alimentos nutritivos, asequibles, inocuos y sustentables.
Combatir la desinformación e incrementar la confianza del consumidor es tarea de todos los actores de la industria alimentaria.

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