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La Inteligencia Artificial y los alimentos

La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en un sistema operativo que acelera la transformación de los alimentos desde su formulación hasta su distribución. Hablamos de ciclos de I+D más cortos que permiten responder, con agilidad, a preferencias sensoriales cada vez más específicas. También de reducciones medibles en desperdicio, mejoras de eficiencia energética y trazabilidad regulatoria más robusta, entre otros temas.

En un contexto en el que casi una quinta parte de los alimentos disponibles para el consumidor termina desperdiciándose y en el que las pérdidas postcosecha siguen siendo elevadas, la Inteligencia Artificial ofrece herramientas concretas para atacar cuellos de botella históricos del sistema alimentario, con impactos directos en costo, riesgo y huella ambiental.

El primer territorio donde la IA está consolidando valor es la formulación. Modelos de aprendizaje automático entrenados con bibliotecas de compuestos, matrices sensoriales, datos de consumo y restricciones tecnológicas permiten explorar combinaciones de ingredientes que antes tomaban meses de ensayo y error.

La colaboración de McCormick con IBM demostró que es posible convertir correlogramas sensoriales y datos de preferencia en propuestas listas para validación comercial, un precedente que la industria utiliza como prueba de concepto para escalar plataformas internas de I+D con IA generativa.

En Latinoamérica, el caso de NotCo popularizó el uso de algoritmos para “mapear” equivalencias funcionales planta-animal y acercar perfiles de sabor y textura a productos tradicionales, lo que impulsó nuevas metodologías de exploración en categorías lácteas, cárnicas y bebidas. La compañía obtuvo en 2021 una patente en EE. UU. por su tecnología de IA y, en 2025, formalizó “Giuseppe AI” como una plataforma modular de desarrollo end-to-end enfocada en acelerar la validación de conceptos, el cribado de ingredientes y la preparación para escalado. Estos hitos validan el despliegue de IA como un activo de I+D replicable por grandes y medianas empresas de la región que buscan acortar tiempos de lanzamiento.

La Inteligencia Artificial también está empujando nuevas fronteras de análisis de sabor y textura mediante integración de datos ómicos y modelos de aprendizaje profundo aplicados a reconocimiento de compuestos volátiles y predicción de percepción sensorial. Lo que abre la puerta a optimizaciones finas de perfiles organolépticos con menos ensayos piloto. La literatura técnica reciente describe justamente ese salto de escala en “flavor engineering”, con IA como motor para la generación de hipótesis de formulación mejor guiadas por datos.

¿Cuáles son las limitaciones actuales de la IA? Si bien los perfiles nutricionales son relativamente fáciles de predecir a partir de una lista de ingredientes ponderados, es mucho más difícil predecir la reología, la textura o el sabor. Esto no es una limitación general de la IA como tecnología per se; más bien, es una limitación temporal que refleja la actual falta de datos apropiados o nuestra incapacidad para procesar Big data a escala. El uso de la Inteligencia Artificial para generar nuevos alimentos aún está en sus primeras etapas, y los datos que correlacionan la formulación con la reología, la textura y el sabor son escasos.

Sostenibilidad operativa: menos merma y menor huella

El segundo vector de impacto es la sostenibilidad operacional. La optimización de la cadena de suministro con modelos de series de tiempo, aprendizaje reforzado y gemelos digitales está reduciendo sobreproducción y mermas por caducidad y pronosticando variaciones de calidad de materias primas, con beneficios directos en consumo energético y emisiones.

La literatura académica y de gestión identifica a los gemelos digitales como arquitectura clave para simular líneas, calibrar parámetros de proceso y evaluar “what-ifs” sin interrumpir la producción; su adopción en alimentos avanza con casos de eficiencia y confiabilidad crecientes.

Si bien el desempeño depende de cada planta, el vector común es un sistema de datos integrado que habilita set-points más finos, recuperación de calor y decisiones de mantenimiento predictivo.

Plataformas industriales de automatización recopilan evidencias y casos que, aun siendo heterogéneos, comparten un patrón: la digitalización y la Inteligencia Artificial reducen tiempos muertos, consumo energético y agua por unidad producida.

Pero el mayor “dividendo de datos” se materializa cuando la IA se integra con políticas públicas y métricas de sostenibilidad. El Foro Económico Mundial propone un “data stack” para sistemas de alimentos y agua, donde IA y datos agregados facilitan decisiones de planificación y asignación de recursos a nivel territorial y empresarial. En mercados con estrés hídrico, este enfoque permite priorizar intervenciones de mayor impacto por unidad de agua o energía, enlazando iniciativas privadas con metas públicas y de cadena de valor.

Reducción de desperdicio y seguridad alimentaria con Inteligencia Artificial

La reducción de desperdicio es un imperativo climático y financiero. La evidencia de la ONU indica que hogares, food service y retail sumaron más de mil millones de toneladas de desperdicio, además de las pérdidas previas a retail que FAO ubica alrededor del 13%.

A la par, la trazabilidad digital habilitada por IA y blockchain acelera la identificación del origen en incidentes de inocuidad y facilita retiros focalizados, disminuyendo pérdidas innecesarias.

La hoja de ruta de la FDA y su Regla de Trazabilidad bajo FSMA 204 coloca requisitos adicionales de registro para ciertos alimentos, un estándar que arrastra a proveedores globales que exportan a Estados Unidos y que, en la práctica, impulsa inversiones en sistemas de datos e Inteligencia Artificial para cumplir con ventanas de respuesta más cortas y auditorías más exigentes. La propia FDA destaca que la trazabilidad reforzada permite retiradas más rápidas y menos enfermedades, mientras que el sector reconoce que el cumplimiento requiere manejar volúmenes masivos de eventos de envío y transformación, un caso natural para automatización inteligente.

En Argentina y la región, la base normativa aplicable establece los cimientos para integrar plataformas de datos y analítica que mejoren la trazabilidad real “punta a punta”.

Los estándares GS1 Argentina ofrecen una ruta estandarizada para codificación y captura de datos, facilitando exportación y visibilidad multiactor. En la práctica, la adopción de estos estándares combinada con analítica y aprendizaje automático permite cerrar brechas de información que hoy se traducen en costos y riesgos.

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